Si la New Wave británica sonaba a sintetizadores y melancolía industrial, la New Wave estadounidense sonaba a nerviosismo, ironía y una obsesión por la cultura pop de los años 50 y 60, pasada por un filtro de modernidad cínica. En EE. UU., el término "New Wave" se utilizó inicialmente para separar a las bandas con potencial comercial de la violencia asociada al punk del CBGB.
Aunque el punk nació en el CBGB y el Max’s Kansas City, la New Wave estadounidense también encontró allí su hogar. La diferencia era de actitud. Mientras que bandas como los Dead Boys buscaban el caos, otros grupos buscaban la experimentación artística o la perfección melódica.
Blondie, liderada por Deborah Harry y Chris Stein, es el ejemplo perfecto de la transición. Comenzaron como una banda de garage rock con tintes de grupos de chicas de los 60, pero su capacidad para absorber géneros (disco en "Heart of Glass", hip-hop en "Rapture") los convirtió en los embajadores de la New Wave. Ellos demostraron que se podía venir del underground neoyorquino y ser una estrella pop global sin perder la credibilidad.
Si Blondie era el glamour, Talking Heads era el cerebro. David Byrne y compañía personificaron la faceta más vanguardista. Su música era tensa, rítmica y profundamente influenciada por el funk y la polirritmia africana (especialmente tras unirse a Brian Eno). Canciones como "Psycho Killer" capturaban la paranoia urbana de finales de los 70, presentando un tipo de rock que no buscaba la testosterona, sino la introspección maníaca.
Lejos de las luces de Nueva York, en Akron, Ohio, surgió una de las bandas más definitorias del movimiento: DEVO. Su concepto de "de-evolución" (la idea de que la humanidad estaba retrocediendo en lugar de progresar) era una sátira mordaz de la sociedad de consumo estadounidense.
Con sus uniformes industriales y su sonido mecánico basado en guitarras angulares y sintetizadores primitivos, DEVO fue la respuesta estadounidense a la robotización de la sociedad. A diferencia de los sintetizadores elegantes de los británicos, los de DEVO sonaban juguetones, disruptivos y deliberadamente "feos", desafiando las convenciones del rock clásico.
Desde Athens, Georgia, The B-52's aportaron una dosis necesaria de color y diversión. Su New Wave se alimentaba del surf rock, la ciencia ficción de serie B y los peinados "beehive". Fueron fundamentales para demostrar que la New Wave no tenía por qué ser seria o intelectual; podía ser una fiesta surrealista. Su éxito "Rock Lobster" es una pieza clave que une el espíritu punk con una sensibilidad pop totalmente nueva.
En Estados Unidos, el término "New Wave" fue adoptado con entusiasmo por ejecutivos como Seymour Stein (Sire Records). Stein se dio cuenta de que la etiqueta "Punk" asustaba a los anunciantes de radio, mientras que "New Wave" sonaba fresco y moderno.
Esto permitió la entrada de bandas de Power Pop bajo el paraguas de la New Wave. Grupos como The Cars, liderados por Ric Ocasek en Boston, perfeccionaron la fórmula: guitarras con mucha fuerza, sintetizadores pegadizos y una producción impecable. Su álbum homónimo de 1978 es, para muchos críticos, el disco de New Wave estadounidense definitivo, logrando sonar futurista y retro al mismo tiempo.
A principios de los 80, la escena se trasladó hacia la costa oeste. Bandas como The Go-Go's (la primera banda femenina que escribía sus propias canciones y tocaba sus instrumentos en llegar al 1) y The Knack (con el mega-hit "My Sharona") dominaron las listas.
La aparición de MTV en 1981 cambió las reglas del juego. La New Wave estadounidense, con su énfasis en la imagen, el color y el concepto, era el contenido perfecto para el canal. Esto llevó a que bandas que originalmente eran alternativas o "raras" se convirtieran en el canon del pop estadounidense de la era Reagan, mezclando la nostalgia por la era de la inocencia de los 50 con la tecnología de los 80.
A diferencia de la versión británica, que estaba muy ligada a la lucha de clases y al desempleo, la New Wave de EE. UU. fue a menudo un ejercicio de desapego irónico. Mientras que un artista británico podía usar un sintetizador para sonar como una fábrica de acero, un artista estadounidense lo usaba para sonar como un videojuego o un comercial de televisión. Fue una exploración de la identidad estadounidense en un mundo cada vez más mediado por las pantallas.
The B-52's - "Rock Lobster" 1983 (Reelin' In The Years Archive)
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