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PINK FLOYD

Pink Floyd se formó en 1966 a partir de la fusión de dos grupos de estudiantes: uno proveniente de Cambridge y otro de Londres. El primer núcleo incluía a Syd Barrett y David Gilmour, quienes en 1964 actuaban como un dúo folk. El segundo grupo estaba compuesto por Nick Mason, percusionista, y Richard Wright, teclista con formación clásica y admirador tanto de Miles Davis como de Karlheinz Stockhausen. Entre ambos círculos se movía Roger Waters, bajista y vocalista, que había estudiado en ambas ciudades. En 1965, Waters, Mason y Wright ya habían formado varias bandas inspiradas en el Merseybeat, y en 1966 Waters reclutó a Barrett para consolidar lo que se convertiría en Pink Floyd.
Barrett, profundamente influenciado por figuras como Bo Diddley —había compuesto “Double O Bo” en 1965—, era una figura abierta a toda clase de experiencias artísticas y sensoriales, desde la pintura mística asiática hasta la experimentación química ligada a la música. Al integrarse al grupo, Barrett impulsó una transformación del blues-rock tradicional hacia una estética alucinógena y surrealista, acorde con su imaginario visionario. El nombre del grupo, Pink Floyd, fue elegido en homenaje a dos músicos de blues estadounidenses poco conocidos, simbolizando desde el principio una inclinación por lo marginal y lo incomprendido.

Desde sus inicios, la banda se convirtió en una presencia habitual en la escena underground londinense, actuando en lugares emblemáticos como el Marquee y el Roundhouse. Fueron pioneros en el uso de espectáculos de luces sincronizados con la música, una innovación que los distinguió rápidamente en el panorama británico. Sus presentaciones incluían largas improvisaciones de blues-rock electrónico, lo que les valió una reputación legendaria entre los seguidores del movimiento psicodélico.
En esta etapa inicial, Syd Barrett era indiscutiblemente la figura central del grupo. No solo componía la mayor parte de la música y las letras, sino que también definía la estética visual y sonora de la banda. Su estilo guitarrístico oscilaba entre el fraseo tonal y la disonancia, y su voz poseía una cualidad idílica que contrastaba con la intensidad de sus composiciones. Los primeros sencillos del grupo, lanzados en 1967 y 1968, reflejaban claramente su influencia. “Arnold Layne”, por ejemplo, narraba la historia de un adolescente perturbado mediante una progresión melódica típica de la psicodelia, combinando voces maliciosas, teclados espaciales, guitarras sollozantes y ritmos marciales. “Candy and a Currant Bun” mostraba un contraste vocal inusual: una voz narradora babosa y siniestra acompañada por gritos de fondo, anticipando los vuelos cósmicos y el caos sonoro que caracterizarían al grupo.
La experimentación era la norma. En “See Emily Play”, el teclado exploraba fantasías coloridas, la guitarra se distorsionaba de forma histérica y la melodía se volvía secundaria frente a un tejido sonoro compuesto por órganos a velocidad supersónica, reverberaciones persistentes y ritmos de vodevil.


The Nile Song - More (1969)

Scarecrow” era una broma dadaísta, un estribillo sin voz que desafiaba las convenciones del pop. “Apples and Oranges”, el tercer sencillo, incorporaba una guitarra áspera, campanas rítmicas y un coro envuelto en un falsete cósmico sobre un órgano de iglesia. Estas piezas evidenciaban una estética en la que géneros como el folk, el blues, el jazz o la música clásica perdían su identidad en medio de un alboroto experimental, donde las armonías vocales conservaban un sesgo gótico o surrealista, y los efectos de sonido dejaban de ser meros rellenos para convertirse en elementos estructurales.

A medida que avanzaba 1967, otros miembros del grupo comenzaron a aportar composiciones propias, revelando una evolución en la dinámica interna. “Julia Dream”, escrita por Waters, marcó un giro hacia una sensibilidad más introspectiva: una balada renacentista con guitarra acústica y teclados mellotron, adaptada al “viaje” alucinógeno pero con una textura suave y conmovedora. Otras canciones mostraban influencias del vodevil de The Kinks (“It Would Be So Nice”) o de los arreglos orquestales de “Sgt. Pepper” (“Paint Box”). El patrón común seguía siendo la fusión de melodía y alucinación, aunque ahora con un enfoque más melódico y menos caótico. Estos sencillos, junto con versiones de estudio como “Careful with That Axe, Eugene”, fueron recopilados posteriormente en el álbum Relics (1971).
El primer álbum de larga duración, The Piper at the Gates of Dawn (1967), publicado en pleno verano del amor, tuvo un impacto inmediato en la escena musical británica. Dominado por la personalidad de Barrett, el disco resumía la nueva gramática musical del grupo: una mezcla de narrativa surrealista, exploración cósmica y ruptura de convenciones. “Astronomy Domine” fue una de las invenciones más originales del rock inglés de la época: una señal de radio intermitente convertida en canción, con voces deformadas por distancias astronómicas, siseos, palpitaciones de guitarra y un crescendo de felicidad cósmica. Wright y Mason, con sus notas largas y atmosféricas, crearon un nuevo estilo de acompañamiento que sostenía el vuelo visionario de Barrett.

La mitad del álbum consistía en canciones cortas surrealistas, libres de la influencia directa de los alucinógenos pero impregnadas de un lirismo excéntrico. “Lucifer Sam” combinaba elementos de banda sonora de thriller, danza tribal y exorcismo, con una atmósfera de pánico generada por la guitarra. “Matilda Mother” era una balada alienante, marcial y fatalista, elevada por un coro celestial. “The Gnome”, en cambio, era un cuento de hadas clásico con uno de los estribillos más pegadizos del grupo. “Chapter 24” adaptaba el raga-rock a arreglos cósmicos, mientras que “Pow R. Toc H.” anunciaba la vena instrumental feroz del grupo, con un piano clásico atacado como si fuera un ritual tribal, aceleraciones temporales y sonidos inquietantes del bosque.
Las piezas finales del álbum mostraban el lado más juguetón y caótico de Barrett. “Flaming” era un collage de efectos de sonido inspirado en el vodevil, y “Bike” un boceto surrealista lleno de ruidos aleatorios: sirenas, relojes de cuco, campanas, bombos, cadenas oxidadas y sonidos animales. Pero la obra maestra del disco era “Interstellar Overdrive”, una pista instrumental de casi diez minutos que funcionaba como síntesis de múltiples corrientes: mensajes subliminales, corrientes de conciencia al estilo de James Joyce, ciencia ficción, surrealismo y psicoanálisis freudiano. En ella, Barrett abandonaba definitivamente el rol de trovador para convertirse en músico cósmico.


Time - The Dark Side Of The Moon (1973)

La melodía se disolvía en el caos de la improvisación libre; cada instrumento vivía poseído por la intensidad, generando ruidos espaciales que simulaban señales de radio, naves zumbantes y el caos primordial del universo.

Sin embargo, la mente de Barrett comenzaba a deteriorarse bajo el peso de la experimentación psicodélica y su fragilidad emocional. En la primavera de 1968, se retiró oficialmente del grupo y fue reemplazado por David Gilmour, cuyo estilo más controlado y melódico dominaría el segundo álbum, A Saucerful of Secrets (1968). Este disco marcó una transición incómoda: lo surrealista se desvanecía lentamente, mientras lo cósmico evolucionaba hacia una forma más pulida pero menos visceral. Sin la chispa caótica de Barrett, el sonido del grupo adquirió una frialdad previamente ausente. Aun así, la suite homónima que cerraba el álbum fue una de las mayores obras maestras del rock psicodélico. Estructurada en tres movimientos —ruido, percusión y teclado/coro—, combinaba clusters de piano, ruidos traqueteantes, voces electrónicas, pangs de órgano, tambores apocalípticos y disonancias audaces. El cierre con un órgano de iglesia y un coro gregoriano creaba un concierto litúrgico de tonos celestiales lúgubres, abriendo un abismo de seducción y terror.

Otras piezas del álbum mostraban esta nueva dirección. “Set the Controls for the Heart of the Sun” transformaba las pesadillas de Barrett en sueños orientales, con una letanía susurrada y una percusión hipnótica. “Let There Be More Light” exploraba el raga-rock con solemnidad y caos disonante. “Corporal Clegg” era una broma vodevilesca, mientras que “Jugband Blues”, la última composición de Barrett con la banda, ofrecía una coda melancólica con instrumentos de viento, coro de montañeses y una guitarra íntima. “See-Saw” y “Remember a Day” anunciaban una música más atmosférica, suave y pegadiza, anticipando el sonido que definiría al grupo en la década siguiente.
Tras este álbum, la carrera de Pink Floyd tomó un rumbo drástico. Su versión del rock psicodélico se consolidó como música atmosférica, y en los meses siguientes compusieron tres bandas sonoras que subrayaron esta evolución. More (1968), la más accesible de ellas, carecía de las ambiciones experimentales de Saucerful y del genio irreverente de Piper. Waters comenzaba a asumir el liderazgo, firmando once de las trece canciones. Piezas como “Cirrus Minor” (impresionismo boscoso con órgano de catedral), “The Nile Song” (hard rock tribal), “Cymbaline” (serenata delicada) y “Quicksilver” (número oscuro y disperso) mostraban un grupo en transición, aún indeciso entre la vanguardia y la música ligera.
En 1969, lanzaron Ummagumma, un ambicioso álbum doble que combinaba grabaciones en vivo y estudio. Las versiones en directo de “Astronomy Domine”, “Set the Controls...”, “A Saucerful of Secrets” y “Careful with That Axe, Eugene” demostraban la madurez escénica del grupo. Esta última se convirtió en un nuevo clásico: un thriller psicológico que arrastraba al oyente bajo un hipnotismo oriental, interrumpido por gritos penetrantes y bloques sonoros que pasaban zumbando, para luego regresar a una inocencia engañosa. La cara de estudio, en cambio, era austera y pretenciosa, con cada miembro componiendo una pieza individual que reflejaba su visión musical.


Dogs - Animals (1977)

Gilmour presentó “The Narrow Way”, una exploración minimalista que pasaba del folk al heavy metal, al estilo hawaiano y al sonido ácido, apoyada por electrónica atmosférica. Mason, influenciado por Stockhausen, creó “The Grand Vizier’s Garden Party”, un experimento rítmico fascinante pero autocomplaciente.

Wright, con “Sysyphus”, se adentró en el sinfonismo: una pieza en cuatro movimientos que iba desde una apertura amenazante hasta una tempestad disonante y un final metafísico. Waters, por su parte, ofreció “Grantchester Meadows”, una balada folk con trinos electrónicos de pájaros, y “Several Species of Small Furry Animals...”, una rapsodia electrónica que simulaba sonidos del bosque. Fue Waters quien encontró el equilibrio entre experimentación y accesibilidad, sentando las bases del futuro sonido del grupo.
Con el declive de la psicodelia, las discográficas presionaron a Pink Floyd para que produjeran un álbum más comercial. Así nació Atom Heart Mother (1970), un compromiso entre ambición artística y apelación masiva. La suite homónima fusionaba órgano barroco, violín romántico, coro gregoriano, piano jazz-funk y disonancia cósmica, todo en un ritmo somnoliento. La segunda cara incluía canciones pop más tradicionales: “If” de Waters, “Fat Old Sun” de Gilmour y “Summer ‘68” de Wright, esta última una joya con voz folk-rock, piano clásico y trombón psicodélico. Aunque desigual, el álbum fue un hito en el rock sinfónico, superando los intentos de bandas como The Nice o The Moody Blues.
Meddle (1971) continuó esta tendencia, con un enfoque en una larga suite y canciones más convencionales. “One of These Days” fue un prototipo de la técnica de producción que haría famoso al grupo: una línea de bajo masiva, envuelta en teclados distorsionados y percusión tribal, culminando en un solo de guitarra hendrixiano.

Pero la pieza central fue “Echoes”, una suite de 23 minutos que distilaba la esencia de Pink Floyd: un “bip-bip” a cámara lenta (heredado de Barrett), pulsos de Interstellar Overdrive, balbuceos de Ummagumma, funk de Atom Heart Mother y el pathos de Saucerful. Sin embargo, el sonido cósmico se había suavizado hasta convertirse en una especie de “muzak” anestesiado, producto de una producción de studio meticulosa que priorizaba la elegancia sobre la intensidad. Fue en este álbum donde Waters emergió claramente como el compositor principal.
La banda sonora Obscured by Clouds (1972) marcó un punto bajo, pero el grupo pronto encontró el éxito internacional con The Dark Side of the Moon (1973). Abandonando la forma de suite, el álbum se centró en canciones atmosféricas, superbamente producidas y arregladas, con letras de Waters sobre la alienación humana. Producido por Alan Parsons, el disco transformó los experimentos de Ummagumma en efectos refinados. La batería de Mason se volvió más funcional, y el teclado de Wright adoptó un rol atmosférico. La épica personal de Waters se tejió en un collage coherente: “On the Run” con su loop de sintetizador y sonidos cotidianos; “Time”, una sinfonía de relojería con riff marcial, percusión polifónica y un solo vocal casi psicótico; “Money”, con cajas registradoras, ritmo funk y solos de saxofón y guitarra; “Breathe”, prototipo de la balada soñadora del grupo; “Us and Them”, un vals psicodélico que completaba lo iniciado en Saucerful; y “The Great Gig in the Sky”, un vuelo vocal visceral sin palabras que evocaba el clímax de Saucerful. El álbum se convirtió en uno de los más vendidos de la historia, permaneciendo en las listas de Billboard durante más de 600 semanas.


Confortably Numb - The Wall (1979)

El ápice de esta nueva etapa llegó con Wish You Were Here (1975), un álbum más futurista y centrado en los sintetizadores. La temática se volvió más introspectiva: la locura en “Shine On You Crazy Diamond” (dedicada a Barrett) y la crítica al sistema en “Welcome to the Machine”.

Esta última, construida enteramente con teclados y guitarra, abrió las puertas a la música industrial, con ritmos mecánicos y poemas sinfónicos de pathos apocalíptico. “Shine On...” era una suite de nueve partes que mezclaba funk, sinfonismo, riffs conmovedores y marchas fúnebres, aunque también caía en la redundancia. La producción alcanzó niveles de perfección cartujana, con largas pausas instrumentales y sonidos artificiales que reflejaban el lujo de semanas enteras en estudios de élite.
En este período, Pink Floyd se convirtió en una institución del rock de consumo. Su sonido —guitarra pesada en tejidos suaves, voces estilizadas, ritmos lentos, electrónica del subconsciente— definió un nuevo género: la psicodelia lounge. Gilmour, Wright y Waters aportaron sus firmas distintivas, pero el grupo ya no producía música en el sentido creativo tradicional, sino que aplicaba una fórmula de perfección tonal y compostura.
Esta evolución llevó a una trilogía conceptual centrada en los males sociales. Dark Side abordó la alienación; Wish You Were Here, la soledad y la locura; y Animals (1977), una alegoría orwelliana sobre la bestialidad industrial.

Compuesto en gran parte con canciones descartadas, Animals presentaba “Dogs” (17 minutos neuróticos) y “Sheep” (space-funk sombrío). Las letras de Waters eran oscuras, paranoicas y pesimistas, pero también comerciales: habían encontrado una fórmula para alargar canciones mediante nubes electrónicas, drones de guitarra y percusión hipnótica, un formato que dominaría los 80.
La dominancia de Waters fue tal que los demás miembros grabaron álbumes en solitario: Gilmour (David Gilmour, 1978), Wright (Wet Dream, 1978) y Mason (colaboraciones con Robert Wyatt y Gong).
El clímax de esta era llegó con The Wall (1979), un álbum doble que condensaba una década de meditación y comercialización. Inspirado en la obra de Brecht y en la música discreta de Brian Eno, The Wall era un melodrama de funk con ruidos cotidianos, mantras y referencias a Ligeti. Éxitos como “Another Brick in the Wall” (con coros escolares) y “Comfortably Numb” (con el mejor solo de Gilmour) lo convirtieron en un fenómeno global. Pero también fue un álbum de autocelebración para Waters, cuyas canciones más suaves se cantaban con dramatismo a lo Broadway. La historia reflejaba su trauma personal, impregnado por la sombra de Barrett. Los interludios instrumentales exacerban el drama hasta lo mórbido, culminando en un psicodrama expresionista con toques de cabaret brechtiano.
The Wall marcó la desintegración de la banda. Wright y Mason fueron reemplazados por músicos de sesión, y el álbum se convirtió en una película y un símbolo cultural, vendiendo 20 millones de copias en una década.


On The Turning Away
A Momentary Lapse Of Reason (1987)

Tras su separación, los miembros continuaron en solitario. Mason grabó Fictitious Sports (1981) con Carla Bley, en una línea de jazz-rock orquestal. The Final Cut (1983), acreditado a Pink Floyd pero esencialmente un álbum de Waters, fue un réquiem antibélico con armonio, cuerdas y efectos holofónicos. Era líricamente autobiográfico y musicalmente sobrecargado, con Waters en un delirio post-Dylan.

En los años siguientes, todos lanzaron trabajos individuales: Gilmour (About Face, 1984), Wright (Identity, 1984), Mason (Profiles, 1985) y Waters (The Pros and Cons of Hitch Hiking, 1984; Radio K.A.O.S., 1987; Amused to Death, 1992). Waters continuó su prédica trágica con estética de falsete, abordando temas apocalípticos y antibélicos.
Tras la salida de Waters, Gilmour asumió el liderazgo de Pink Floyd. A Momentary Lapse of Reason (1987) fue el primer álbum sin Waters, con Wright como colaborador. “Learning to Fly” encapsulaba el estilo lánguido y desorientado de Gilmour. The Division Bell (1994) marcó el regreso oficial de Wright, con “Marooned” como punto culminante instrumental. Durante esta etapa, Pink Floyd se convirtió principalmente en una máquina de conciertos, inmortalizada en Delicate Sound of Thunder (1988) y Pulse (1995).
Para el año 2000, la banda había vendido más de 180 millones de álbumes. Se reunieron brevemente en 2005 para un concierto benéfico. Gilmour lanzó On an Island (2006), un álbum soñoliento con colaboraciones de Robert Wyatt y David Crosby, y Rattle That Lock (2015), considerado su trabajo más débil. Wright grabó Broken China (1996) antes de morir en 2008. El último álbum de Pink Floyd, The Endless River (2014), fue una pieza new-age ambiental, mayormente instrumental, construida con tomas descartadas de sesiones antiguas.
Así, la historia de Pink Floyd es la de una evolución desde la psicodelia caótica y visionaria de Syd Barrett hasta la perfección comercial y atmosférica liderada por Roger Waters y David Gilmour. Pasaron de ser pioneros del rock experimental a convertirse en una de las instituciones más influyentes y rentables de la música popular, dejando una huella imborrable en la historia del arte sonoro.


Pink Floyd - See Emily Play


MIEMBROS:

Nick Mason Batería (1965–presente)
Roger Waters Bajo, Voz (1965–1985)
Richard Wright Teclados, Voz
(1965–1981, 1987–2008)

Syd Barrett Voz, Guitarra (1965–1968)
David Gilmour Voz, Guitarra (1967–presente)

DISCOGRAFÍA(*):

The Piper at the Gates of Dawn (1967)
A Saucerful of Secrets (1968)
More (1969)
Ummagumma (1969)
Atom Heart Mother (1970)
Meddle (1971)
Obscured by Clouds (1972)
The Dark Side of the Moon (1973)
Wish You Were Here (1975)
Animals (1977)
The Wall (1979)
The Final Cut (1983)
A Momentary Lapse of Reason (1987)
The Division Bell (1994)
The Endless River (2014)

FUENTES:

Traducido de: www.scaruffi.com
Wikipedia

FOTOS:

1) Hulton-Deutsch Collection/CORBIS/Corbis/Getty Images
2) Nick Hale/Hulton Archive/Getty Images
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